Hacía ya muchos años que no entraba en la casa en la que vivió durante algún tiempo mi abuela. Años más tarde sirvió de hogar a mi tío y su familia y, hasta hace no demasiados veranos a mi prima Inmaculada, su marido e hijos. Fue comprada por el Ayuntamiento de O Porriño para la creación de una nueva calle mayor. Ahora mientras espera el día en que sea demolida va muriendo sola, recordándonos que también murieron algunos de los que allí habitaron, haciéndonos conscientes del paso del tiempo. Dejándome presente que los días de mi infancia, en los que subía aquellas escaleras no sólo no volverán sino que quedan ya muy lejos y que los recuerdos se van desenfocando en la memoria de mi vida.
