
Hace ya casi la mitad de mi vida que no veo a mi abuela Corona. Una tarde me dijeron que se había ido, que debía recordarla para que nunca nos abandonase del todo. Viaje de Madrid a Porriño para despedir el cuerpo que aquí había dejado junto con todo lo demás. Fue el primer gran golpe que la vida me había dado.
Anoche, en su casa, encontré su pasaporte, su cartera y los guantes que usaba justo antes de irse. Los imaginé colocados sobre su cómoda, listos para ser recogidos antes del viaje. Sin embargo esta mañana seguían allí, tal y como los había dejado. Quizá ya nos los quiera, tal vez desee que se queden aquí, permitiéndonos recordarla para no irse nunca del todo.
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Septiembre 22, 2008 · Comentarios desactivados

Hacía ya muchos años que no entraba en la casa en la que vivió durante algún tiempo mi abuela. Años más tarde sirvió de hogar a mi tío y su familia y, hasta hace no demasiados veranos a mi prima Inmaculada, su marido e hijos. Fue comprada por el Ayuntamiento de O Porriño para la creación de una nueva calle mayor. Ahora mientras espera el día en que sea demolida va muriendo sola, recordándonos que también murieron algunos de los que allí habitaron, haciéndonos conscientes del paso del tiempo. Dejándome presente que los días de mi infancia, en los que subía aquellas escaleras no sólo no volverán sino que quedan ya muy lejos y que los recuerdos se van desenfocando en la memoria de mi vida.
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