
Bajar, bajar. Sentir el tacto de la tierra sobre un cuerpo que inerte espera la hora en la que las raíces de los que nacen en primavera, alcancen su carne ya muerta. Subir por ella hasta la luz del verano que arrasa la piel desnuda, que deshidrata y reseca nuestras almas que tanto anhelaron el calor que hoy asfixia a los que sintieron la euforia de la últimas lluvias de lo que justo antes hubo. Llegar y reptar entre las piedras de una playa cualquiera y abandonar la muerte que en el instante anterior aun ocupaba lo que ahora vuelve a estar vivo.
Cuántas veces hemos de morir, cuántas serán necesarias? Mil, dos mil, cien mil… Infinitas veces.
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Si es que eres un artista Raúl. Un enorme abrazo desde la olvidada Calcuta