
Desde aquí, desde este lado del río Miño, tendido sobre el verde, leyendo, observo entre página y página el país vecino. El país que me dio uno de mis apellidos. Portugal al otro lado, demasiado tentador como para no cruzar. Sería bueno hacerlo en la barca pero no, nadie la reclama y no hay remos en sus interior, una pena. Opto por el puente y recorro el pueblo que queda tras el bosque. Después de tan grata parada, continuo camino hasta ValenÇa para cruzar a la inversa la primera frontera que traspase, hace ya muchos años, en compañía de mis padres.
Mi primer viaje al extranjero.
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