
Cerca de los arrozales ya crecidos, bajo la magia de los hongos y justo antes de la llegada de una lluvia que mojaría mi cuerpo casi desnudo, mi cámara se deleitaba con la experiencia de estar allí.

Cerca de los arrozales ya crecidos, bajo la magia de los hongos y justo antes de la llegada de una lluvia que mojaría mi cuerpo casi desnudo, mi cámara se deleitaba con la experiencia de estar allí.
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1 respuesta hasta el momento ↓
Laura // Abril 15, 2009 a 6:45 pm |
Hola Raúl!!
Por lo que veo estás disfrutando a tope de este viaje, las fotos son geniales… No hay nada más limpio y bonito que la sonrisa de un niño…
besos de los tres!! Se te echa de menos!